martes, 4 de febrero de 2014

El baile de máscaras de Polanski

Si en Un dios salvaje Roman Polanski apostaba por el minimalismo, en cuanto al escaso número de actores reunidos en un solo escenario, en La Venus de las pieles vuelve a hacerlo, reduciendo el reparto esta vez a la mitad. Sólo dos personajes le hacen falta para desarrollar una trama que poco a poco va mostrando muchos matices. En ambos casos, los diálogos no eran precisamente minimalistas: el hecho de tener tan pocos actores moviéndose en unos pocos metros cuadrados hace que los personajes hablen y hablen hasta la saciedad. Esto se debía a que ambos filmes son adaptaciones de obras teatrales.

Pero esas son las únicas semejanzas que se pueden hacer a ambas películas. En La Venus de las pieles, tras un bonito travelling a lo largo de un clásico bulevar parisino sobre el que la lluvia cae con fuerza, los dos y únicos personajes se encuentran dentro del teatro donde se desarrollará la historia: Thomas (Mathieu Amalric, que sorprendentemente aquí se parece bastante a Polanski) y Vanda  (Emmanuelle Seigner, esposa del propio director polaco desde hace más de 20 años).



Él es director de teatro y adaptador del libro de Leopold von Sacher-Masoch (titulado como la película) para la obra que quiere estrenar. Después de una decepcionante y agotadora tarde haciendo pruebas a aspirantes a obtener el papel femenino, en el último momento aparece Vanda, llamada casualmente como la protagonista del libro. Tras convencerle para que le haga una prueba, demuestra que tiene dotes como actriz y que se sabe el guión perfectamente.

Comienzan a ensayar, Thomas dando la réplica y Vanda en el papel de Venus. Resulta ser un toma y daca en el que apenas hay respiro. Él, cada vez más impresionado, va perdiendo toda su seguridad mientras ella se hace con el dominio de la situación y juega cuanto quiere con él. Ambos se fundirán con sus respectivos papeles, hasta llegar a un punto en el que el confuso director ya no sabe quién es, si es el autor o el personaje de una obra, al estilo de Unamuno en Niebla. Ese intenso baile de máscaras es apasionante. Polanski sigue con esa afición a mostrar el lado oscuro de las personas, y desde hace un tiempo parece haberle cogido el gusto al género teatral y sus adaptaciones, llenas de diálogos ágiles y floridos, son simplemente perfectas. Por algo Polanski es, ha sido y siempre será una garantía de calidad.

NOTA: 8/10

2 comentarios:

  1. Ésta es de las que apetece ver. Además desde que siendo pequeño vi El baile de los vampiros, Polanski siempre ha estado en mis oraciones fílmicas. La semilla del diablo es una de mis pelis favoritas de terror de todos los tiempos.

    Un saludo!!

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