Tenían razón los que me dijeron que un concierto de Wilco no se parecía a nada de lo que hubiera visto antes.
Verles en vivo y en directo equivale a ver jugar al Barça. Compenetración, casi telepatía entre los componentes del grupo; originalidad, técnica, virtuosismo, capacidad inagotable para enamorar a los espectadores con cada movimiento. Es decir, talento en estado puro.
Si Jeff Tweedy es Messi, su compañero y guitarra Nels Cline es Iniesta, y el batería Glenn Kotche es Xavi. Tweedy es el genio, el centro y el creador, pero el resto de la banda, en especial los citados Cline y Kotche, son vitales a la hora de interpretar como nadie las obras salidas del privilegiado cerebro de su líder. Éste, tras realizar varios cambios en la formación por diversos motivos, parece al fin encontrarse a gusto con sus actuales compañeros.
El que se complementen tan bien es fundamental a la hora de ofrecer un buen concierto, y no es la prueba de que lo tengan todo "milimétricamente calculado", como dicen algunos. Es simplemente la muestra de que son unos profesionales auténticos, con un talento desbordante que ya quisieran muchos. Pocos son capaces de abrir una actuación con dos canciones prolongadas (One Sunday Morning, de doce minutos, y Art of Almost, de más de siete) y no aburrir para nada al personal. Es más, Art of Almost es un tema que suena como a Radiohead, bastante extraño para lo que suele hacer Wilco, y en directo sonó bien, y con gran potencia.
Los puntos fuertes de la actuación, ya de por sí perfecta, llegaron con Jesus, Etc., coreada por prácticamente todos los espectadores; Via Chicago, en la que Cline introdujo unos atronadores efectos sonoros (supuestamente para emular las turbulencias en un avión), ante los cuales Tweedy seguía cantando como si nada; y por supuesto Impossible Germany, esa obra magna rematada con un espectacular solo de guitarra a manos de Cline. Todo ello, no lo olvidemos, aderezado con la batería de Glenn Kotche, cuya capacidad de innovar (siempre para bien) es simplemente inefable e inagotable.
En los bises se incluyeron entre otras la pegadiza Heavy Metal Drummer, así como I'm The Man Who Loves You y I Got You (At The End Of The Century), que cerró la actuación. Fueron 23 temas en total, dos horas de verdadero espectáculo. Era increíble ver al público tan entregado, tan respetuoso, tan encantado con lo que veía, que no era sino un grupo de auténticos virtuosos dándolo todo: la perfección había recalado en el Circo Price (por cierto, muy buen recinto para conciertos). Pocos grupos hay en la actualidad que logren enamorar así a la gente, o quizá ninguno. Se puede decir que Wilco son los Beatles de nuestra generación. Y eso que no llenan estadios ni plazas de toros. Ni falta que les hace.
Hay poco que objetar a su actuación, pero algo hay: en otros conciertos tocaron unas cuantas canciones más (por ejemplo en el de Barcelona del día siguiente), y en el de Madrid, que no fue corto pero como todo lo bueno supo a poco, faltaron algunos grandísimos temas como Pieholden Suite, I Am Trying To Break Your Heart, una debilidad personal que me apetecía mucho ver en vivo, y Misunderstood, fantástica se mire por donde se mire. Yo me moría de ganas por ver a Jeff Tweedy gritando eso de "I want to thank you all for nothing!!!", pero no pudo ser. Un entusiasta espectador no paró de pedirla a gritos durante los bises, sin éxito. Habrá que esperar a que Wilco vuelvan para seguir pidiéndola.
Saber rodearse de gente talentosa es algo que garantiza el éxito, o al menos la calidad. Loquillo ha sabido estar siempre bien rodeado, y eso se nota. En su momento estuvo con Los Trogloditas, gran banda, y más recientemente con figuras como Gabriel Sopeña, Jaime Stinus o Luis Alberto de Cuenca.
Son estos tres los que han trabajado junto a Loquillo en su último álbum, Su nombre era el de todas las mujeres. De Cuenca ha puesto las letras, sus propios poemas; la música para los mismos la pone Sopeña, y Stinus se ha encargado de arreglar y producir el disco, además de componer la música para el penúltimo corte, La Tempestad. Precisamente éste es el más "raro" del álbum, por su estilo a lo Tom Waits tanto en lo melódico como en la voz.
El resto de temas se dejan escuchar más, y entre ellos hay verdaderas joyas. La principal es El encuentro, que habla precisamente del encuentro con un antiguo amor. La melodía comienza siendo delicada, asciende poco a poco y finalmente las guitarras estallan furiosas (magnífico trabajo de Sopeña y de Stinus). Todo ello unido a la inmensa voz de Loquillo, cuyo tono acompaña perfectamente la música. Cuando el Loco de pronto grita eso de "y en mi interior bullía la mentira..." uno se queda con la boca abierta. Es sencillamente espectacular.
Algo parecido ocurre con La malcasada. La temática está a la orden del día: la mujer infeliz de 40 y tantos de quien pasan su marido, sus hijos y sus propios padres. Loquillo empieza cantando en un tono suave y acaba gritando con desgarro.
Y es que ahí radica la otra parte de la calidad de este álbum. El Loco se ha rodeado de grandes profesionales, sí, pero el centro de todo es su voz, que está a un nivel increíble. No es Sinatra, nunca lo ha sido ni lo será ya, pero no le hace falta. Siempre ha tenido un timbre grave que no le permitiría cantar ciertas canciones (digamos My Way, por seguir con el ejemplo de Sinatra), pero tiene una voz carismática y agradable de escuchar, y él y los compositores de sus canciones han sabido escoger temas a los que pudiera adaptarse bien.
Con los años ha ido teniendo un tono más maduro, muy atractivo, y ya desde hace tiempo ha sabido modular perfectamente su voz para hacer con ella casi cualquier cosa que se proponga. Lo ha demostrado en el estudio y en directo. Ya en Balmoral (2008) cantaba como nunca: lo mismo se ponía en plan rocker (Soy una cámara) o pasaba a cantar casi susurrando, como en la deliciosa Vintage. El álbum era buenísimo, y parecía que se había puesto el listón casi inalcanzable.
Su nombre... probablemente no sea mejor que Balmoral, pero se le acerca muchísimo. Sólo hay que escuchar bien, además de El encuentro y La malcasada, otros interesante temas como La noche blanca, Cuando vivías en la Castellana o Farai un vers de dreyt nien. Con canciones así se echan menos en falta sus clásicos rockeros de los 80 y 90. La gira que va a realizar desde noviembre en teatros promete, y mucho.
Faltan adjetivos para definir el concierto de Marah en la sala Heineken del pasado miércoles 5 de octubre, pero todos ellos serían buenos. La única pega fue que comenzaron media hora tarde, si bien esto benefició a que la sala acabara bastante llena, ya que a la hora a la que tenía que empezar el concierto apenas estábamos varias decenas de personas.
Pero la espera mereció la pena. La actuación fue enérgica, muy divertida y ante todo sorprendente. No tienen canciones como los Beatles, y de hecho muchos de sus temas se parecen bastante entre sí, pero eso no quita para que sean muy buenos. Como ejemplo tienen Sooner Or Later y Walt Whitman Bridge, dos temazos cuyas interpretaciones fueron alucinantes (ambos forman parte del magnífico álbum If You Didn't Laugh You'd Cry).
Son peculiares los componentes de Marah. Por una parte tenemos a los hermanos Bielanko: Dave, el cantante y guitarrista principal, que tiene una voz agradablemente medio ronca y siempre va vestido como si estuviera en Siberia (normal que saliera a escena sudando a mares), y Serge, que también canta, toca la guitarra y la armónica y es un verdadero showman (se bajó del escenario y cantó dos temas mientras paseaba entre el público).
A Serge se le notaba con muchas ganas de pasárselo bien, quizá porque lleva tres años fuera del grupo (habló de que había tenido dos niños pequeños en los últimos tiempos). Parecía que los Bielanko tenían 20 años de nuevo: no paraban de moverse, de cantar retorciéndose y de bromear. Dave soltó numerosas patadas aéreas, una de las cuales golpeó por accidente el trombón que otro de sus compañeros de grupo, el también bajista Mark Francis Sosnoskie, tocaba en ese momento. Dave se disculpó besándole en una mejilla ante las carcajadas del público. Otro momentazo casi surrealista fue el de presenciar un solo de acordeón, en este caso a manos de la talentosa Christine Smith, también teclista y una de las fundadoras del grupo.
Tocaron dos horas y media y fue tan increíble que supo a poco. Prometieron volver en primavera o verano, y ojalá lo hagan. No siempre se ve a una banda con tantas ganas y tan buen rollo sobre el escenario.
No es porque sea mi grupo favorito: es porque es una de las mejores bandas que ha dado Reino Unido, y muy seguramente la mejor de los 90. Es lo que tiene juntar el inmenso talento como compositor de Noel Gallagher, la estupenda voz de su hermano Liam y unas influencias que parten de los Beatles (la principal) y pasan principalmente por The Stone Roses y The Kinks. Otro asunto es que de vez en cuando "tomen prestadas" ciertas melodías de otras grandes bandas: The Doors, T-Rex, los propios Kinks...
He intentado escoger 10 canciones pero me ha sido imposible decidir cuáles quitar, así que la lista se ha quedado en 15. No van ordenadas en función de la calidad, aunque la primera sí es su mejor canción:
1. WONDERWALL: sin duda una de las mejores canciones de la historia. Se incluye en el What's The story? (Morning Glory), el segundo trabajo del grupo, en el que Noel se dedicó a escribir un himno tras otro. De hecho escuché en alguna parte que en muchos estadios de fútbol ingleses esta canción se ponía siempre antes de los partidos. Inicialmente se dijo que Wonderwall, que habla de alguien especial en quien nos apoyamos ('because maybe you're gonna be the one that saves me'), iba dedicada por Noel a su mujer de entonces, Meg Matthews. Unos años después se divorciaron y luego él afirmó que esa interpretación había salido de los medios y que la canción hablaba en realidad de "un amigo imaginario que vendrá y te salvará de ti mismo". Cualquiera que fuese el significado, no cabe duda de que esta obra maestra, de melodía sencilla, versionada por diversos artistas en múltiples ocasiones y al parecer inspirada por el álbum Wonderwall Music de George Harrison, será siempre lo mejor que Oasis y que Noel hayan fabricado nunca.
2. DON'T LOOK BACK IN ANGER: algunos la confunden al comenzar con Imaginede John Lennon, por razones obvias. Un precioso homenaje para un precioso tema, de los más coreados en los conciertos (en 2009 en Madrid Noel la interpretó sin más compañía que su voz y su guitarra: fue una pasada), el clásico que todo el mundo canta con el mechero (o el móvil) encendido en alto. Fue el primer tema en el que el mayor de los Gallagher ponía la voz principal, y otro nuevo himno exitoso. Lo que no está tan claro es el significado de la letra, con frases contradictorias como 'You ain't ever gonna burn my heart out' y más adelante 'Take me to the place where you go'. Parece que lo fundamental es siempre seguir adelante y 'no mirar atrás con ira'; y esa tal Sally puede seguir esperando...
3. LIVE FOREVER: otro himno enormísimo que compone el magistral álbum debut de Oasis, Definitely Maybe, que por algo llegó a ser número 1 en las listas británicas. Tema juvenil y vitalista ('maybe I just wanna fly, / I want to live, I don't want to die') y también de amor ('maybe you're the same as me, / we see things they'll never see, / you and I are gonna live forever'); versos bonitos pero no complejos, dos magníficos solos de guitarra y Liam cantando con verdaderas ganas. Live Forever es uno de los mayores orgullos de Noel, quien al parecer quiso hacer algo al estilo alegre del Shine A Lightde los Rolling Stones. En YouTube se puede encontrar una curiosa versión acústica con Noel a la guitarra y Chris Martin de Coldplay al micrófono, ambos de muy buen rollo.
4. ALL AROUND THE WORLD: mi debilidad personal absoluta de toda la discografía de Oasis, del momento en el que estaban en la cumbre (este tema también fue número 1 en Reino Unido). Dura 9:20 minutazos, pero soy capaz de escucharla una y otra vez sin cansarme, y siempre me pone de buen humor. Las razones: ese suave inicio, esa maravilla de melodía orquestal que va siempre in crescendo a medida que avanza la canción, ese optimismo veraniego que destila ('these are crazy days but they make me shine'), la ronca voz de Liam en toda su plenitud (¡cómo canta casi suplicando ese 'take me away, cos' I just don't wanna stay'!), la totalidad de la juvenil letra... Y ese genial deseo de revancha: 'what you gonna do when the walls come fallin' down?', 'if you're lost at sea, well I hope that you've drowned'). Su coro de 'na-na-na' rememora el de Hey Jude, y el vídeo es del estilo de Yellow Submarine, también de los Beatles. Fue una de las primeras canciones escritas por Noel (si bien luego introdujo modificaciones), allá en los tiempos en los que ensayaban en el Boardwalk de Manchester (aquí un fragmento de 1992), y es una de sus creaciones más queridas. Pura delicia para los oídos incluida en el Be Here Now, sobre el cual algunos dicen que cerró la etapa del britpop.
5. SLIDE AWAY: esta maravilla cierra Definitely Maybe a lo grande. Es adictiva y bellísima, tanto por los extraordinarios solos de guitarra como por (de nuevo) la intensa forma de cantar de Liam: ésta es una de sus mejores interpretaciones. La letra es de amor ('now that you're mine', 'let me be the one that shines with you') pero también de pérdida ('I dream of you, we talk of growing old, / but you said please don't!'). Se dice que Noel la escribió basándose en la tormentosa relación que mantenía con su novia de entonces. En directo debe de ser espectacular cantarla a voz en grito, pero lo cierto es que la banda la ha interpretado muy pocas veces en sus conciertos.
6. WHATEVER: similar a All Around The World respecto a que también se apoya en una orquesta (¡bendito violín!), a su longitud (6:21 minutos) y a su inequívoco mensaje optimista. En este caso se habla de que uno es libre para ser y hacer lo que quiera, y que haga lo que haga estará bien. Lo curioso es que, siendo un temazo como es, se lanzó como single independiente entre el primer álbum de Oasis y el segundo, sin que fuera incluida en ningún disco. El vídeo merece mucho la pena: rodado en blanco y negro, muestra a la banda y a la orquesta interpretando el tema, con los Gallagher haciendo muecas, bailando de forma graciosa, escondiéndose tras los altavoces... y al final, los aplausos y las voces de los amigotes, vitoreando al grupo.
7. SUPERSONIC: sexto corte de Definitely Maybe. Al estilo de Whatever, habla de ser uno mismo, de la fama, de aprovechar las oportunidades ('you can have it all, but how much do you want it?')... y de las drogas, que aparecen reflejadas en incontables temas de Oasis. La letra de Supersonic realmente no tiene mucho sentido en conjunto, pero lo importante aquí es el ritmo de la canción y la guitarra: ese riff del principio y ese solo del final son monumentales. También lo es la voz de Liam. Canta como con rabia. Me encanta su forma de cantar arrastrando ciertas palabras: 'you make me laaaaugh, give me your autograaaaaph'.
8. THE MASTERPLAN: el inicio pone la carne de gallina; y cuando entran por medio violines y trompetas el resultado es espectacular para cerrar el álbum, titulado como la canción. En el libreto del disco se afirma que Noel reconoce que es la más excelente de sus obras, y que tras oír el resultado Liam deseó haberla cantado él. No me lo puedo imaginar: tal como está es absolutamente perfecta. Aunque guarda algo del sonido Oasis, no es el típico tema del grupo: es épico y delicado a la vez. La letra (también según el libreto) la escribió Noel con facilidad, "inspirado a partes iguales por un pasillo de hotel japonés y un buen y relajante cigarrillo". En ella plasmó "el viaje a través de la vida. Todo lo que sabemos es que no sabemos". Y así lo canta: 'life on the other hand won't make you understand, / why we're all part of the masterplan'.
9. LISTEN UP: otra de mis debilidades: me encanta cómo suena aquí la guitarra. La voz de Liam aparece más ronca que nunca, a veces incluso parece que no llega (cuando canta 'one fine day gonna leave you all behind'), pero sí que llega. También destila algo de rabia o despecho. Por algo la canción afirma que no le importa estar solo. Aunque está incluida en The Masterplan, apareció previamente en el single de Cigarettes & Alcohol. De hecho, su sonido es muy del estilo de algunos temas de Definitely Maybe. Aquí se puede ver una versión cantada por Noel en un MTV Unplugged.
10. CIGARETTES & ALCOHOL: 'I was looking for some action/ but all I found was cigarettes and alcohol'. Es imposible ser más explícito. Bueno, sí: 'is it worth the aggravation / to find yourself a job when there's nothing worth working for?'. Rebeldía, juventud y rock stars en estado puro. Voz y guitarras arrolladoras. Y el riff inicial y buena parte de la estructura rítmica calcados del Get It On de T-Rex. Dejémoslo en que fue un homenaje. La canción es brutal y eso es todo lo que importa.
11. WHO PUT THE WEIGHT OF THE WORLD ON MY SHOULDERS?: otra que tampoco suena a Oasis. No está incluida en ninguno de los álbumes de la banda, sino que Noel la compuso (y la interpretó) expresamente para formar parte de la banda sonora de la película Goal! Este tema destaca por su instrumentación, donde la guitarra queda en segundo plano. Tanto la melodía como la letra son tristonas, pero bellísimas, de lo mejorcito que ha hecho Noel.
12. LITTLE BY LITTLE: sexto corte del Heathen Chemistry (2002), en el que Liam se aventuraba a componer tres de las 11 canciones. No lo hizo mal, pero ésta de la que hablamos, como todas las mejores, es de Noel, quien también la interpreta, y muy bien. La letra habla de, simplemente, vivir mientras uno se pregunta por qué estamos en el mundo.
13. CHAMPAGNE SUPERNOVA: otro fantástico cierre de álbum, en este caso de What's The Story? (Morning Glory). Épica al estilo de The Masterplan, comienza suavemente, con el sonido del mar, de la guitarra y de la voz de Liam, para poco después alzarse majestuosamente con el estribillo. La guitarra principal y los coros los pone el gran Paul Weller, por cierto. Aunque la canción suena a nostalgia y a romanticismo, el significado de la letra no tiene una sola interpretación, ya que no parece hablar de nada concreto (salvo la habitual mención a las drogas con el verso 'where were you while we were getting high?').
14. GO LET IT OUT: Fuckin' In The Bushes, adrenalina pura, precedía a éste no menos aplastante temazo. Ambos formaron parte de Standing On The Shoulders Of Giants, el álbum más irregular y psicodélico de la banda, aunque también llegó al número 1 en las listas de Reino Unido. Go Let It Out es de lo mejor del disco, tanto por su pegadiza melodía como por su letra, que habla tanto de depresión como de superarlo y aprovechar el momento ('the right time is always now') e incluso de las clases sociales, donde sólo la gente corriente puede construirse su propio destino. El vídeo es curioso porque en él aparecen Noel tocando el bajo y Liam la guitarra rítmica (en vez de su sempiterna pandereta).
15. ONE WAY ROAD: entre las caras B de Oasis hay auténticas joyas que habrían dado al menos para uno o dos buenos álbumes más. Ésta, compuesta e interpretada por Noel, se incluyó en el single de Who Feels Love?, que para mí no es mejor que One Way Road ni de lejos. Ya es el año 2000 y Noel propone aquí un tema maduro, reconociendo sus dudas vitales: 'as soon as they come / the feelings they go, / all alone, on a one way road'. El resultado suena dulce y melancólico a la vez. Con otro estilo, Paul Weller la versionó poco después en su Studio 150.
Bonus track: FALLING DOWN: no podía quedar la lista sin un tema del último disco de Oasis, Dig Out Your Soul. En Falling Down, que tiene toques psicodélicos, el protagonismo lo llevan a partes iguales la batería de Zak Starkey (el retoño de Ringo Starr) y la voz de Noel, que canta como nunca. El significado de esta pesimista letra ('we live a dying dream') refleja el ateísmo de Noel: 'I tried to talk to God to no avail', 'I said if you won't save me, please don't waste my time'. Lo más interesante del vídeo es el desprecio de los Gallagher hacia la princesa.
Si no habéis visto The Damned United ni sabéis nada acerca de un tal Brian Clough mejor que mejor: en ese caso parad de leer ahora mismo y ved la película, para que la sorpresa sea plena.
Hecha la recomendación, lo primero que hay que decir es que ésta es probablemente la mejor película sobre fútbol jamás hecha. El cineasta Tom Hooper, quien al año siguiente dirigió El discurso del Rey, cuenta la historia del entrenador inglés Brian Clough, mítico tanto por no saber callarse nunca como por sus logros deportivos, impulsados por la inteligencia y el apoyo de su mano derecha, Peter Taylor, y por su intensa rivalidad con el también entrenador Don Revie.
Mediante saltos en el tiempo un genial Michael Sheen muestra a un joven Brian Clough que entrena a un equipo de Segunda División. Siempre obstinado y bocazas, se le atraviesa Don Revie, entrenador durante muchos años del invencible Leeds United. Desde entonces Clough no para hasta llevar a su equipo a Primera División para competir cara a cara con el United, o más bien con Don Revie.
La desmedida ambición de Clough y sus ansias por ser mejor que Revie acaban creándole problemas como los enfrentamientos con el presidente del club, el alcoholismo o la separación profesional de su segundo entrenador, Peter Taylor. Michael Sheen escenifica perfectamente cómo Clough se va dando cuenta por sus fracasos de los errores que ha cometido, guiado por el orgullo y la prepotencia, y cómo vuelve a levantarse y a llevar a los equipos que dirige a lo más alto.
También se muestran a la perfección los entresijos de un club de fútbol: los jugadores que crean mal ambiente y ponen al entrenador contra las cuerdas, la brutalidad en el juego que no siempre es sancionada, los entrenadores con ínfulas de grandeza, ávidos de poder para manejar el club a su antojo... Todo ello es definitivamente realista, muy similar al panorama futbolístico actual, tanto español como inglés.
Si te gustaron E.T. y Los Goonies, ésta es tu película. Súper 8 es una mezcla de ambas: tiene un grupo de chavales intrépidos y un extraterrestre, que en este caso sólo es "mono" al final, porque el resto del tiempo se lo pasa sembrando el terror. De hecho antes de que se le viera bien su (espantosa) cara, muy similar al ya mítico Predator, los ruidos del bicho me recordaban bastante al monstruo de Perdidos. No en vano escribe, dirige y co-produce esta película J. J. Abrams, alma mater de la citada serie.
El tándem Abrams-Spielberg (co-productor de Súper 8) no aporta nada nuevo, pero por lo general el filme está bien construido. El final sí es mejorable, y también la manera de llegar a él: hay cosas que el guión se saca de la manga sin más. Y aunque uno de los objetivos de la película es tocar la fibra sensible al espectador, sobra el melodrama: esa típica escena en la que todos están juntos, a salvo y felices, con musiquilla supuestamente conmovedora de fondo, y que encima dura uno, o dos, o tres minutos si hace falta.
El otro objetivo (obviando el de conseguir una buena taquilla) sí se cumple: la película mantiene el suspense, entretiene y hace reír en múltiples ocasiones (la mini película que aparece al poco de empezar los créditos es francamente divertida). Deja buen sabor de boca, aunque no tanto como para afirmar que se convertirá en un clásico del cine. Cuenta además con un reparto solvente pero en su mayoría desconocido para el gran público, con dos excepciones de gran nivel: Kyle Chandler, que recientemente finalizó la estupenda serie Friday Night Lights, y la jovencísima Elle Fanning, que en Súper 8 demuestra que no tiene nada que envidiar a su hermana mayor, Dakota.
Puede que mi inmensa decepción tras ver la película se viera acrecentada por el hecho de que las críticas que había leído sobre ella la ponían bastante bien, y además el 100% de amigos y familiares que la habían visto me la recomendaban encarecidamente, calificándola como "graciosísima".
Pues bueno, no me pareció para nada divertida, salvo en un par de escenas quizá. Más bien me pareció muy cansina y con un guión pobre. No me gustan los argumentos tan previsibles, los personajes tan estereotipados (el guaperas inmaduro, el chico bueno, el calzonazos pardillo y el gordo pirado; y de regalo y en segundo plano las mujeres y novias de ellos, siempre responsables y controladoras, como si ellas no supieran divertirse como hacen ellos) y las gracietas fáciles o absurdas (que si "¡oh, me he roto un diente!", "¡oh, me he casado con una stripper!"...).
Ni siquiera el chino que hace de mafioso-loca me hizo gracia: me pareció que sobreactuaba, no era creíble en su papel, y las ridículas y poco originales frases que le dieron tampoco ayudaban. Claro que en eso seguro que tuvo buena parte de culpa el infame doblaje al español.
En fin, que si quiero ver una película de unos coleguitas que se van de borrachera y luego no saben lo que ha pasado prefiero mil veces más Colega, ¿dónde está mi coche? o aunque sea alguna de las primeras de American Pie o similar. Al menos esos eran niñatos y actuaban como tales. Los de 'Resacón' pasan más que de sobra los 30 y sus chorradas me parecieron lamentables.
Pese a todo, le di una oportunidad a Resacón 2, ahora en Tailandia. Mala idea: creo que aguanté unos 20 minutos antes de hartarme y quitar la película. Vale que la idea central era la misma que en la primera parte (uno de ellos se va a casar, sus amigos le montan una despedida de soltero y al día siguiente despiertan de la fiesta hechos un desastre y sin recordar qué ha sucedido). Pero es que TODO era igual. Y para ver un producto malo y repetitivo ya están las teleleries españolas.
Si bien ahora el género de terror es bastante más explícito o refinado o como se quiera llamar, no por haber sido escrito hace más de un siglo este libro se queda atrás. En Otra vuelta de tuerca, nos encontraremos con siniestros y vengativos fantasmas, en concreto con dos, que algo de miedo sí que dan, aunque como decimos, comparando esta historia con las de tipo The Ring, El resplandor y similares quizá esta no sea para tanto.
El asunto es el siguiente: una joven es contratada por un hombre como institutriz de sus dos sobrinos pequeños en una mansión algo aislada del mundo, en pleno campo. La mujer, cuyo nombre nunca se dice, acepta el trabajo, aunque su nuevo patrón pone la condición fundamental de que ella debe arreglárselas por sí sola, y bajo ningún concepto debe informarle a él de cualquier problema que pueda surgir.
Un encargo un tanto extraño, pero aun así ella, que es muy inocente por haber pasado toda su corta vida en el campo, acepta. Además ha quedado encandilada por el tío de sus nuevos pupilos, y eso es lo que le da fuerzas para cumplir el encargo cueste lo que cueste, como si fuera a conquistarle sólo por cuidar bien de sus sobrinos. La tarea parece fácil al principio, pues los niños son encantadores, preciosos y estudiosos, pero pronto la protagonista advertirá la presencia de dos fantasmas que sólo ella puede ver y que acechan a los pequeños. Tendrá entonces que protegerles sin la ayuda de nadie, y no será fácil.
Pero ¿están realmente los fantasmas están allí y pretenden dañar o poseer a los niños¿ ¿Es todo fruto de la imaginación de la institutriz, que está loca y se ha vuelto muy posesiva con los niños? ¿O es incluso una metáfora de lo (sexualmente) reprimida que está? Cada uno que saque sus conclusiones.
La obra es interesante de leer y realmente parece escrita por una mujer con las características de la protagonista (ingenua, con poco mundo visto...); aunque precisamente a veces el lenguaje y las expresiones que usan cansan un poco. Los fantasmas asustan, aunque eso siempre depende de cada persona. La verdad es que tanto ellos como el escenario entero recuerdan a la película Los Otros. Quizá Amenábar se inspiró en Henry James para hacer su película...
Es extraño que esta película pasara casi desapercibida en España. Llegó a estrenarse aquí, en 2009; su director y guionista, Greg Mottola, es bastante conocido (suya es la genial Supersalidos y la reciente Paul); los actores principales son archifamososos (Jesse Eisenberg -La red social-, Ryan Reynolds -Enterrado- y Kristen Stewart -Crepúsculo-) y el guión es inteligente y con toques originales, esos que se echan tanto en falta en las películas tan típicas y repetitivas para y sobre adolescentes.
Sin embargo, fue una película que en general el público español no conoce; y después de verla sólo puedo pensar en que es una verdadera lástima y quiero que todo el mundo la vea, porque es de esas películas bonitas, que te dejan buen sabor de boca y se quedan en el recuerdo. Y a los amantes de la buena música les conquistará totalmente.
Es 1987; James se gradúa en el instituto y como tantos otros jóvenes americanos planea un verano entero en Europa con su mejor amigo antes de empezar la universidad. Sin embargo los problemas financieros familiares le obligan a buscar trabajo en su ciudad para poder pagarse sus estudios. Y sólo encuentra empleo en Adventureland, un parque de atracciones más bien cutre.
Así, su situación es la de un joven más bien inmaduro con un futuro incierto, un trabajo temporal poco estimulante y unos padres (una madre) que en vez que ayudar le complican las cosas. Adventureland, sin embargo, terminará marcándole. Allí vivirá situaciones difíciles, pero también cómicas, y conocerá a personas que merecen la pena.
Esta tragicomedia es más que una película de adolescentes que sólo quieren ligar (que también hay parte de eso). Es el paso a la madurez mediante los golpes (físicos y metafóricos) más que por el mero aprendizaje. Es descubrir que el mundo de los adultos está tan degradado, si no más, que el de los jóvenes. Es vencer el miedo a los obstáculos y simplemente arriesgarse y pasar sobre ellos, aunque otros te digan que no puedes hacerlo. Es la vida misma.
Por su parte, el reparto hace un gran trabajo. Los dos protagonistas masculinos lo hacen muy bien, pero yo destacaría a Kristen Stewart. Varios de los secundarios también dan mucho juego. Y un aplauso para el guión: entretenido, inteligente como pocos, sabe sacarle todo el partido a los personajes y a las situaciones. Nada falta ni sobra en él, porque lo que no dicen o muestran los personajes se infiere a la perfección. La película tiene un cierto aire al entrañable cine adolescente de los 80 (bendito John Hughes), pero con la inocencia justa (justita: sólo la tiene el protagonista) y con mucho más contenido en la historia que cuenta.
Eso sí, la mayor ovación se la merece la enorme banda sonora, en parte reflejada en las camisetas que viste Stewart en la película: The Replacements (Unsatisfied), Hüsker Dü (Don’t Want To Know If You Are Lonely), Big Star (I'm In Love With A Girl), Crowded House (Don’t Dream It’s Over), Yo La Tengo (Farewell Adventureland), David Bowie (Modern Love), Lou Reed (Satellite Of Love, a través de la cual el personaje interpretado por Reynolds se revela como un auténtico farsante)... y los momentazos del Just Like Heaven de The Cure, de Breaking The Law de Judas Priest cuando James está siendo perseguido y, sobre todo, de la maravillosa Pale Blue Eyes de la Velvet Underground.
Después de ver la película Los Santos Inocentes (Mario Camus, 1984), basada en la novela de Miguel Delibes, sólo caben dos conclusiones: 1) vaya película tan increíble, se mire por donde se mire, y 2) ¿por qué ahora no hacen cine español ni la décima parte de bueno?
La primera conclusión se deriva de varios factores. Uno es el estupendo guión, que proviene de una novela que aún no he leído, pero que imagino será tan buena o mejor aún que la película, ya que viene firmada por Delibes, y eso para mí es una garantía absoluta. Este drama se ambienta en la Extremadura de los años 60, en concreto en un cortijo, y narra la vida cotidiana de los dueños de éste y de sus sirvientes.
Un buen guión no hace nada sin unos actores a su altura. Y el reparto de este filme es apabullante: Régula, madre sufridora, bien interpretada por Terele Pávez; Azarías, el hermano de ésta, un buen hombre pero con retraso mental ("un inocente"), caracterizado a la perfección por Paco Rabal; y el padre de familia, Paco, el grandísimo Paco, interpretado por un más grande aún Alfredo Landa.
Si la película muestra la total sumisión de los sirvientes hacia sus amos, que les consideran inferiores a ellos, Paco encarna estas características mejor que nadie. Obedece sin rechistar a todo lo que le pide el señorito Iván (Juan Diego, también muy destacable), hasta el punto de llegar a romperse dos veces el mismo hueso por ir con él de caza. Esa dolorosa secuencia y otras muestran cómo esas pobres gentes se dejan maltratar por sus amos para poder subsistir, aunque sea en la miseria, pero no exteriorizan impotencia por no poder salir de esa situación: agachan la cabeza con miedo y continúan obedeciendo. Sin embargo, los hijos de Paco y Régula no tardarán en buscarse otros trabajos en la ciudad para no vivir lo mismo que sus padres: tienen orgullo y dignidad.
Sobre la segunda conclusión poco se puede decir. El cine español lleva mucho, pero mucho tiempo de capa caída. Esperaremos sentados a que algún día se realice otra obra maestra como 'Los Santos Inocentes'.