sábado, 21 de abril de 2012

El vinilo sigue muy vivo

Siempre me ha encantado ver a la gente que consume cultura con avidez, algo difícil de encontrar en España. La Feria Internacional del Disco de Madrid es uno de los lugares perfectos para ello. Este año ha celebrado en el Palacio de Congresos su tercera edición y no ha defraudado.




Era agradable llegar y ver a tanta gente revisando vinilos uno por uno, rápidamente pero con total atención a las posibles joyas musicales. Claro que lo era mejor encontrar tú mismo el disco que llevabas años buscando y abalanzarte sobre él porque acababas de oír a un tipo preguntando por él. El que no corre vuela...

Había de todo: puestos que vendían solo CDs, otros especializados en artistas patrios, alguno con vinilos baratísimos y no en mal estado, otro que además de discos vendía cuadros muy chulos de diversos artistas... Los había extranjeros y de todas partes de España, con mención especial a una tienda zaragozana cuyo puesto era casi un santuario de los Beatles: tenían chapas, tazas, libros, camisetas... 

Pero, entre todos, seguramente la mejor tienda era una estadounidense que acumulaba decenas de primeras ediciones americanas de vinilos de los mejores grupos de la historia. Era increíble todo lo que se podía encontrar en ese puesto. Daban ganas de comprarlo todo. Los más caros que tenía, según nos mostró el dueño, eran Their Satanic Majesties Request de los Rolling Stones y el Axis: Bold As Love de Jimi Hendrix, ambos a 250 euros cada uno.




Una buena feria que emocionó a cualquier amante de la música y que demuestra que, en la época del mp3 y el iPod, el vinilo no está para nada pasado de moda. Eso sí, a la hora de comprar uno tenía que tener en cuenta que por lo general los discos editados en los 60 y 70 y las reediciones más actuales son mucho mejores que los vinilos que se vendían en los 80, de menor calidad.

Para quien quiera comprar uno, aparte de revisar el disco puede hacer caso a la escala que califica los vinilos según su estado. La categoría "Mint" es la de los que están inmaculados (en algunos casos están sin estrenar), mientras que la última es la "Bad", para aquellos discos totalmente inservibles que ya solo sirven para hacer bulto en la colección de la que forman parte. Aquí se puede ver explicada la escala: http://www.ehow.com/video_4950474_grading-scale-record-collectors-mint.html


P. D. Y he aquí el trofeo conseguido: la primera edición estadounidense del Arthur de The Kinks.


jueves, 1 de marzo de 2012

Y llegó su hora...

DAWES | 29 de febrero de 2012
Sala El Sol (Madrid) | Aforo: lleno total

Cuatro músicos con talento y buena presencia, con toques de Neil Young, The Band, Gram Parsons, Jackson Browne, The Jayhawks, The Eagles, Wilco e incluso M. Ward (de quien ya fueron teloneros): así son Dawes, un cuarteto californiano que elaboró un fabuloso álbum de debut (North Hills) y que hace pocos meses lanzó su segundo trabajo, Nothing Is Wrong. Su concierto del pasado 29 de febrero en la sala El Sol de Madrid superó las expectativas de los asistentes y del propio grupo, cuyo cantante, Taylor Goldsmith, expresó varias veces su sorpresa y su alegría por estar por primera vez en Madrid y por haber vendido todas las entradas, algo que al parecer no esperaba.




La primera intervención de Dawes fue una versión del Rider In The Rain de Randy Newman que interpretaron junto al telonero, Robert Ellis, quien armado solo con una guitarra tocó varios temas de su primer LP Photographs. Su estilo (canciones bonitas de estilo country y folk) pegaba bastante con el de Dawes. Ellis está sabiendo rodearse de buenos grupos: pasará casi todo el mes de marzo de gira por Estados Unidos con Drive By-Truckers.

Una vez solos sobre el escenario, Goldsmith y los suyos arrancaron y no dejaron descansar ni un segundo al público. Tocaron casi entero su último álbum, Nothing Is Wrong, entre las que destacaron Fire Away, con la que abrieron la actuación, la maravillosa That Western Skyline y la pegadiza Time Spent In Los Angeles (que por alguna razón me recordó a The Go-Betweens). El disco, por cierto, está producido por Jonathan Wilson, quien teloneó a Wilco en su última visita a Madrid, y en él colabora haciendo los coros el mismísimo Jackson Browne.

Si ya al escuchar sus discos uno se da cuenta de que está ante algo realmente bueno, al verles en directo el espectador queda totalmente entregado a los Dawes. El grupo lo valía, como se comprobó durante toda la actuación, por ejemplo durante un solo que el grupo se marcó durante dos o tres minutos. Porque con una buena formación como esta no se puede fallar: el bajista, Wylie Gelber; el fantástico teclista, Tay Strathairn; y el batería Griffin Goldsmith, que si bien a primera vista destacaba por su fabulosa mata de pelo rubio y rizadísimo (ver aquí) se hizo notar mucho más golpeando los platos con precisión y ganas e incluso cantando, y de qué manera. Pero el frontman, a la sazón el hermano mayor de Griffin, Taylor Goldsmith, lo tiene todo sobre el escenario: es buen guitarrista, tiene una voz privilegiada y muy buena dicción, escribe unas letras preciosas y con contenido... y además es guapo. También lleva un proyecto paralelo, Middle Brother, a cuyo homónimo disco debut merece la pena echarle un ojo.

Las únicas pegas que se le pueden poner al concierto de El Sol son que podría haber sido un poco más largo y que no tocaron la tranquilota Love Is All I Am, al parecer porque el ruido de fondo de la sala habría estropeado la bonita canción. Pero lo compensaron con creces con el que ya es su gran himno: When My Time Comes, cuyo estribillo voceó entusiasmado el respetable.

Dawes tienen encanto y talento, llevan buen camino y están bien apadrinados. Son una gran promesa que está empezando a hacerse realidad. Si al principio tanto a ellos como a muchos de nosotros nos sorprendió que llenaran El Sol, al final todos salimos de allí deseando que vuelvan, y pronto. De momento van a acompañar durante los dos próximos meses a Mumford & Sons en Estados Unidos y a My Morning Jacket y Justin Townes Earle en Australia. Quién pudiera seguirles en su gira...

NOTA: 8/10



(Atención al videoclip, bello homenaje a la película La Leyenda del Indomable).

jueves, 12 de enero de 2012

'Tímidos Anónimos': unidos por el chocolate

Si mal no recuerdo, la timidez y sus consecuencias nunca han sido el centro de una historia en el cine. Hablamos de la timidez profunda, casi enfermiza, que verdaderamente incapacita a muchos para relacionarse de forma normal con la gente de su entorno. Y no sólo de ella, sino de un grupo de personas que se reúne en plan Alcohólicos Anónimos para apoyarse y aconsejarse entre ellos.

Ese es el rasgo original de la película Tímidos Anónimos, cuyo desenlace es más bien previsible, pero eso no impide que el filme resulte agradable, entretenido y humorístico. Por otra parte, los tímidos nos veremos reflejados en algunas de las situaciones que muestra esta simpática comedia.



La historia se centra en una chocolatería francesa al borde de la quiebra a la cuál acude la joven Angélique (Isabelle Carré) a buscar trabajo. Ella es una experta chocolatera, pero también extremadamente tímida, como también lo es el dueño de la fábrica, Jean-René (Benoît Poelvoorde). Ambos acuden por separado a terapia para superar su timidez, y al conocerse se enamorarán al instante sin saber que comparten ese incómodo rasgo.

A partir de ahí se encadenan hábilmente las situaciones cómicas, los apuros y los malentendidos entre la pareja. La escena en la que ella se da cuenta de que él se cambia de camisa cada dos minutos (porque las empapa en sudor de los nervios) es graciosa, pero más lo es la del paseo que ambos dan bajo una lluvia torrencial porque ninguno se atreve a decir al otro que no quiere salir. 

Tímidos Anónimos consigue representar muy bien la angustia que sufren los dos protagonistas en el día a día y más en su intento por estar juntos y por que el uno no se dé cuenta de la timidez del otro. Deja un buen sabor de boca y un mensaje esperanzador tanto para los tímidos como para los que no lo son.

NOTA: 7/10

lunes, 2 de enero de 2012

Una agradable vuelta al cine mudo con 'The Artist'

En el cine actual no resulta fácil encontrar un argumento original, pero esto se puede salvar contando la historia de una forma distinta, interesante y muy entretenida. The Artist consigue todo esto, pero su principal objetivo es hacer un maravilloso homenaje al cine (especialmente al cine mudo) y demostrar que incluso en el año 2011 una película muda en blanco y negro puede ser tan buena como las de antes.




Se pueden encontrar unas cuantas referencias cinematográficas en este filme, pero la principal es seguramente la magnífica Cantando bajo la lluvia. En ambos casos la acción se sitúa en 1927 y coinciden un actor muy guapo y famoso que se enfrenta a la llegada del cine sonoro (con distinta suerte en cada una de las películas) con una joven y talentosa actriz que se revela como la sensación del momento. Ambos se conocen por accidente y se ayudarán el uno al otro en sus respectivas carreras.

Gene Kelly, Debbie Reynolds y Donald O'Connor eran unos fuera de serie (cantaban, bailaban y actuaban con una naturalidad y una perfección apabullantes), y su vitalista película es sin duda una de las mejores de la historia. The Artist, sin poder superarla (nadie podría hacerlo), no se queda atrás. Jean Dujardin, Bérénice Bejo y por supuesto John Goodman se muestran como unos grandísimos actores, algo nada sencillo de lograr en una película muda. 

Ellos tres y el director y guionista (Michael Hazanavicius) merecen todo el reconocimiento y los premios posibles por esta obra, llena de escenas preciosas (por ejemplo la del abrigo), una buenísima banda sonora (entre ellas este tema del filme Vértigo, de Hitchcock) y con un humor y un optimismo que termina imponiéndose sobre el drama.


NOTA: 9/10



jueves, 29 de diciembre de 2011

Matrícula de honor para 'Drive' y Ryan Gosling

"Dame una hora y un lugar. Yo te doy cinco minutos, y pase lo que pase en esos cinco minutos soy tuyo, sin que importe nada más".

A muchas nos encantaría que Ryan Gosling nos dijera esa frase, pero mucho me temo que no va a poder ser. Quien la pronuncia es su personaje sin nombre en Drive, la última de las películas que ha estrenado en este prolífico año para él, después de Crazy, Stupid Love y The Ides of March. Ésta en cuestión está basada en la novela de 2005 de James Sallis, también titulada Drive.





Gosling da vida a un conductor que es todo un virtuoso al volante. Por el día trabaja rodando arriesgadas escenas de coches para películas y por las noches se dedica a poner a salvo a los diversos atracadores que le contratan para que les ayude a fugarse después de cometer un robo. Su ya de por sí agitada vida se complicará cuando aparece en escena el marido exconvicto de su joven vecina Irene (Carey Mulligan).

En su afán por ayudar a Irene, de quien está enamorado, el protagonista se verá amenazado, traicionado y perseguido. Dejará de ser un hombre discreto, aparentemente calmado y silencioso, y recurrirá a sus peores instintos para intentar sobrevivir. Las dos terceras partes de la película son excitantes, angustiosas y altamente violentas, no aptas para escrupulosos. Están plagadas de peleas y disparos inesperados, carreras de coches, una muerte tras otra y sangre saliendo por todas partes a borbotones, con sonido incluido, al estilo Kill Bill. También hay ciertas similitudes con No es país para viejos y Bullitt. De hecho algunos comparan ya a Ryan Gosling con Steve McQueen.

El conductor podría considerarse un héroe clásico que trata de proteger a su amada por encima de todo, incluso arriesgando su propia vida a cada momento; pero, a la vez, todo lo que hace para salvar a Irene sólo contribuye a que ésta se aleje de él (lo que se refleja muy bien en la primero bonita y luego cruda escena del ascensor), haciendo que el amor entre ambos sea imposible.

La actuación de Gosling resulta perfecta, y eso teniendo en cuenta las pocas líneas que tiene su personaje. Una gran cantidad de las frases que tenía originalmente se suprimió del guión debido a una acertada sugerencia del propio Gosling. Incluso el que el conductor carezca de nombre no importa, pues lo relevante es cómo es él, y además así se contribuye a crear un áurea de misterio a su alrededor.

Otro éxito de la película es la buena selección de los secundarios: la citada Carey Mulligan como la vecina desamparada, Albert Brooks como uno de los jefes del crimen (por este papel ha recibido un buen puñado de nominaciones y ha resultado ganador de varias de ellas, entre ellas un Globo de Oro al mejor actor secundario), Bryan Cranston (tan genial como siempre) como el único amigo del protagonista, y el veterano Ron Perlman como uno de los malos de la película. También hay una más bien breve aparición de la pelirroja Christina Hendricks (de la serie Mad Men).


NOTA: 10/10

viernes, 16 de diciembre de 2011

La trepidante y sangrienta 'The Shadow Line'

Hacía tiempo que no me atrapaba así una historia como la que cuenta la miniserie de este año de la BBC, 'The Shadow Line'. Y eso que en sus siete capítulos hay más sangre que en la Biblia, lo cual no es agradable de ver.

Pero aunque a uno no le guste la violencia cruenta, 'The Shadow Line' engancha, y mucho. Según me han dicho se parece a 'The Wire' (hablo por terceros porque aún no la he visto). Todo comienza con el asesinato de Harvey Wratten, un veterano jefazo del tráfico de drogas, nada más salir éste de la cárcel gracias a un perdón real (es decir, concedido por la mismísima Reina de Inglaterra). A partir de ahí se verán entremezclados la policía, la banda de Wratten, un periodista de investigación y el misterioso y flemático Gatehouse (muy british él), todos intentando averiguar quién cometió el asesinato.




La trama es compleja desde el minuto 1, y cada vez se enreda más. Por cada cosa que se descubre surgen otras diez que hay que averiguar. Uno puede hacer sus predicciones desde el primer capítulo, pero acabará modificándolas cada media hora, para finalmente ver que no ha acertado en casi nada. Todo se revela en los últimos 10 minutos, y hay que estar realmente atento para no perderse en la explicación. No queda ni un cabo sin atar ni ninguna explicación que chirríe (como pasó con 'Lost').

El reparto realiza en general un buen trabajo. Algunos de los actores son conocidos, al menos en España, sobre todo dos. Uno es Chiwetel Ejiofor, que interpreta al agente Jonah Gabriel, que se lo jugará todo para llegar hasta el fondo en la investigación. Pero el más destacado, el que sobresale por encima de todos como actor y como personaje es el grandísimo Stephen Rea, Gatehouse en la serie. Al igual que ocurre con la trama, casi hasta el último momento no se sabrá quién es ese hombre, si actúa por libre o si trabaja para alguien.

Los guionistas han hecho desde luego un trabajo excepcional con esta serie. No sólo por la historia, que está muy bien hilada y es totalmente realista, sino también por la cantidad de matices de los personajes. No hay ninguno plano: cada uno tiene su historia, su carácter, sus incoherencias consigo mismos, sus emociones, sus dudas, sus miedos... Son personas de verdad. Y todos, en mayor o menor medida, tienen su atractivo. Seguramente el espectador aborrecerá al instante a Jay Wratten, el sobrino del asesinado, y no llegará a identificarse con ninguno de los personajes por completo, en gran parte por la maldad que emanan casi todos. Pero sí se podrá sentir empatía en determinados momentos con alguno, por ejemplo, con Joseph Bede (Christopher Eccleston), uno de los cabecillas criminales, cuya vida personal está destrozada.

No es de extrañar que el guionista, director y productor de la mayoría de los capítulos de 'The Shadow Line', Hugo Blick, ganara el premio del Gremio de Escritores de Gran Bretaña a la mejor serie dramática de televisión. Como novela negra también habría sido espectacular, y quizá la trama habría sido más fácil de explicar y de entender. Pero como serie es simplemente perfecta. Ni siquiera se puede criticar la poca cantidad de capítulos, ya que en ninguno de ellos hay nada de relleno. Y al desvelarse todos los misterios uno se queda inevitablemente con la boca abierta y pensando si algo así no podría suceder (si es que no sucede ya) en la vida real.

Haced la prueba: en cuanto veáis el primer capítulo seguro que veis los seis siguientes del tirón. 'The Shadow Line' es una adicción, pero de la buena.

NOTA: 10/10

domingo, 27 de noviembre de 2011

Noel vuela alto sin Oasis

El de Noel Gallagher era mi concierto más esperado del año. Y no me defraudó, pero tampoco me emocionó. Gran parte de la culpa la tuvo el público que abarrotaba La Riviera, que voceó casi todas las canciones (por suerte, en el caso de las nuevas, la gente sólo se sabía el estribillo) y no dejaban escuchar bien. Nunca entenderé que tantísima gente vaya a los conciertos a demostrar que se sabe las canciones, como si les fuesen a dar parte de la recaudación. Gritan (no cantan) tan alto que impiden que escuchemos bien al que está en el escenario.




Público aparte, la actuación no estuvo nada mal. Todos nos preguntábamos cómo sería Noel en directo sin Oasis, y las comparaciones de los conciertos de éste y de aquellos fueron inevitables. No hubo sorpresas respecto al setlist, pues utilizó el mismo que en sus últimos conciertos: abrió con It's Good To Be Free (le quedó bien, pese a que originalmente la cantaba Liam) y cerró con Don't Look Back In Anger. A juzgar por cómo terminó con su hermano y con la banda de ambos no creo que la elección de estos dos temas fuera casual. La última canción, por cierto, la interpretó él solo con la guitarra, en plan acústico. Y cómo no, todo el mundo abajo gritando a saco "soooooo Sally can waiiiit". Qué se le va a hacer...

Noel interpretó su nuevo disco, Noel Gallagher's High Flying Birds, casi por completo: sólo faltó Stop The Clocks. Su reciente trabajo es más que solvente, y no flojea por ningún costado. Noel tiene mejor voz de lo que parecía y hace que no se eche tanto en falta a Liam; y a nivel compositivo está en bastante buena forma. Su álbum, como tantas otras veces, remite a The Beatles y a The Kinks (también a Oasis, si se permite la redundancia), y en directo suena bastante bien, desde los temas más, digamos, emocionales, como If I Had A Gun I Wanna Live In A Dream (In My Record Machine), hasta los más explosivos, como las enormes Stranded On The Wrong Beach y Dream On, y sobre todo la espectacular y hasta discotequera AKA... What A life! Sí se echó en falta alguna trompeta para tocar en condiciones The Death Of You And Me, por ejemplo.

También hubo un par de regalitos: la estupenda The Good Rebel, cara B del single The Death Of You And Me, y Freaky Teeth, un adelanto del próximo trabajo de Noel, que al parecer se publicará en 2012. Pero la mitad del repertorio fue, cómo no, para Oasis. Noel atacó con Mucky Fingers (ésta "inspirada" en la Velvet Underground), The Importance Of Being Idle (otro "homenaje" a The Kinks), Little By Little, Half The World Away y Talk Tonight, y también se atrevió con Supersonic y Wonderwall, ambas interpretadas sólo por él, sin acompañamiento. En esas dos pudo echarse un poco de menos la voz de Liam, pero aun así el resultado fue bastante decente.

Muy probablemente Noel no podrá superar a Oasis, pero no hay que olvidar que Oasis, ante todo, era él mismo. Su reciente álbum es bastante bueno, sigue teniendo creatividad e incluso mejor voz. En líneas generales ha conseguido sobrevivir a Oasis, y parece que le queda gas para rato. No sé si podría decirse lo mismo de Beady Eye...

NOTA: 7/10


(He aquí la mini-historia de 20 minutos que ha hecho Noel con los vídeos de If I Had A Gun, The Death Of You And Me y AKA... What A Life! Memorables las caras de Noel y la actuación estelar de Russell Brand).

viernes, 11 de noviembre de 2011

John Grant, un buen tipo

La actuación en el Teatro Lara de Madrid del norteamericano John Grant fue un recital íntimo y agradable, aunque algo irregular. Grant venía a presentar su estreno en solitario, Queen of Denmark, elegido mejor disco de 2010 por la revista británica Mojo. Acompañado en varias de las canciones por otro músico, Chris Pemberton, y armado sólo con un piano y un par de sintetizadores hizo enmudecer al público cada vez que abría la boca. Porque tiene una voz preciosa y aterciopelada con la que puede hacer lo que quiera, y eso hizo: desde la tristona y magnífica Where Dreams Go To Die hasta la esperanzadora y épica TC & Honeybear.




Si bien la mayoría de sus temas reflejan las malas experiencias vitales que ha tenido, Grant se reveló como un tipo cercano, simpático y bromista. Es un cantante atormentado, pero parece que ha empezado a salir de la oscuridad en la que se encontraba. Hablaba con los espectadores sobre el motivo por el que había compuesto cada tema, incluso en español. En un momento, tras los aplausos, nos dijo "sois muy mamables", y todos nos reímos, pensando que realmente no sabía lo que había dicho. Acto seguido aclaró con una sonrisa pícara: "es mi broma favorita". Ahí nos dimos cuenta de que dominaba el idioma.

Uno de los puntos débiles de la actuación fue el extraño y molesto pitido que no dejó de sonar a intervalos durante casi todo el tiempo. Aparte, el hecho de que fuera todo tan relajado (el piano y la suave voz de Grant) y con tan pocas variaciones, salvo los efectos de los sintetizadores, hizo que el concierto fuera demasiado tranquilote, quizás algo aburrido por momentos. 

Sin embargo, por encima del tedio quedaron maravillas como It's Easier, Fireflies, Sigourney Weaver, Queen of Denmark (otro momentazo; brutal el comienzo: "I wanted to change the world / but I could not even change my underwear"), Chicken Bones, Vietnam (adelanto de su próximo disco) y Little Pink House (de su anterior grupo, The Czars) o el bis Jesus Hates Faggots.

NOTA: 7.5/10


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Wilco son los Beatles de nuestra generación

Tenían razón los que me dijeron que un concierto de Wilco no se parecía a nada de lo que hubiera visto antes.




Verles en vivo y en directo equivale a ver jugar al Barça. Compenetración, casi telepatía entre los componentes del grupo; originalidad, técnica, virtuosismo, capacidad inagotable para enamorar a los espectadores con cada movimiento. Es decir, talento en estado puro.

Si Jeff Tweedy es Messi, su compañero y guitarra Nels Cline es Iniesta, y el batería Glenn Kotche es Xavi. Tweedy es el genio, el centro y el creador, pero el resto de la banda, en especial los citados Cline y Kotche, son vitales a la hora de interpretar como nadie las obras salidas del privilegiado cerebro de su líder. Éste, tras realizar varios cambios en la formación por diversos motivos, parece al fin encontrarse a gusto con sus actuales compañeros.

El que se complementen tan bien es fundamental a la hora de ofrecer un buen concierto, y no es la prueba de que lo tengan todo "milimétricamente calculado", como dicen algunos. Es simplemente la muestra de que son unos profesionales auténticos, con un talento desbordante que ya quisieran muchos. Pocos son capaces de abrir una actuación con dos canciones prolongadas (One Sunday Morning, de doce minutos, y Art of Almost, de más de siete) y no aburrir para nada al personal. Es más, Art of Almost es un tema que suena como a Radiohead, bastante extraño para lo que suele hacer Wilco, y en directo sonó bien, y con gran potencia.

Ante un público que había agotado las entradas hacía meses, que apenas respiraba de lo atento que estaba a lo que sucedía el escenario, los de Chicago correspondieron con una selección bastante buena de su exquisito repertorio (he aquí el setlist). Sonaron At Least That's What You Said, War On War, Handshake Drugs, A Shot In The Arm, Hummingbird; y también hubo tiempo para el nuevo álbum, The Whole Love, entre ellos I Might y las fabulosas Born Alone y Dawned On Me

Los puntos fuertes de la actuación, ya de por sí perfecta, llegaron con Jesus, Etc., coreada por prácticamente todos los espectadores; Via Chicago, en la que Cline introdujo unos atronadores efectos  sonoros (supuestamente para emular las turbulencias en un avión), ante los cuales Tweedy seguía cantando como si nada; y por supuesto Impossible Germany, esa obra magna rematada con un espectacular solo de guitarra a manos de Cline. Todo ello, no lo olvidemos, aderezado con la batería de Glenn Kotche, cuya capacidad de innovar (siempre para bien) es simplemente inefable e inagotable.

En los bises se incluyeron entre otras la pegadiza Heavy Metal Drummer, así como I'm The Man Who Loves You y I Got You (At The End Of The Century), que cerró la actuación. Fueron 23 temas en total, dos horas de verdadero espectáculo. Era increíble ver al público tan entregado, tan respetuoso, tan encantado con lo que veía, que no era sino un grupo de auténticos virtuosos dándolo todo: la perfección había recalado en el Circo Price (por cierto, muy buen recinto para conciertos). Pocos grupos hay en la actualidad que logren enamorar así a la gente, o quizá ninguno. Se puede decir que Wilco son los Beatles de nuestra generación. Y eso que no llenan estadios ni plazas de toros. Ni falta que les hace.

Hay poco que objetar a su actuación, pero algo hay: en otros conciertos tocaron unas cuantas canciones más (por ejemplo en el de Barcelona del día siguiente), y en el de Madrid, que no fue corto pero como todo lo bueno supo a poco, faltaron algunos grandísimos temas como Pieholden SuiteI Am Trying To Break Your Heart, una debilidad personal que me apetecía mucho ver en vivo, y Misunderstood, fantástica se mire por donde se mire. Yo me moría de ganas por ver a Jeff Tweedy gritando eso de "I want to thank you all for nothing!!!", pero no pudo ser. Un entusiasta espectador no paró de pedirla a gritos durante los bises, sin éxito. Habrá que esperar a que Wilco vuelvan para seguir pidiéndola.

NOTA: 10/10


jueves, 20 de octubre de 2011

Loquillo en buena compañía

Saber rodearse de gente talentosa es algo que garantiza el éxito, o al  menos la calidad. Loquillo ha sabido estar siempre bien rodeado, y eso se nota. En su momento estuvo con Los Trogloditas, gran banda, y más recientemente con figuras como Gabriel Sopeña, Jaime Stinus o Luis Alberto de Cuenca.

Son estos tres los que han trabajado junto a Loquillo en su último álbum, Su nombre era el de todas las mujeres. De Cuenca ha puesto las letras, sus propios poemas; la música para los mismos la pone Sopeña, y Stinus se ha encargado de arreglar y producir el disco, además de componer la música para el penúltimo corte, La Tempestad. Precisamente éste es el más "raro" del álbum, por su estilo a lo Tom Waits tanto en lo melódico como en la voz.





El resto de temas se dejan escuchar más, y entre ellos hay verdaderas joyas. La principal es El encuentro, que habla precisamente del encuentro con un antiguo amor. La melodía comienza siendo delicada, asciende poco a poco y finalmente las guitarras estallan furiosas (magnífico trabajo de Sopeña y de Stinus). Todo ello unido a la inmensa voz de Loquillo, cuyo tono acompaña perfectamente la música. Cuando el Loco de pronto grita eso de "y en mi interior bullía la mentira..." uno se queda con la boca abierta. Es sencillamente espectacular.

Algo parecido ocurre con La malcasada. La temática está a la orden del día: la mujer infeliz de 40 y tantos de quien pasan su marido, sus hijos y sus propios padres. Loquillo empieza cantando en un tono suave y acaba gritando con desgarro.

Y es que ahí radica la otra parte de la calidad de este álbum. El Loco se ha rodeado de grandes profesionales, sí, pero el centro de todo es su voz, que está a un nivel increíble. No es Sinatra, nunca lo ha sido ni lo será ya, pero no le hace falta. Siempre ha tenido un timbre grave que no le permitiría cantar ciertas canciones (digamos My Way, por seguir con el ejemplo de Sinatra), pero tiene una voz carismática y agradable de escuchar, y él y los compositores de sus canciones han sabido escoger temas a los que pudiera adaptarse bien.

Con los años ha ido teniendo un tono más maduro, muy atractivo, y ya desde hace tiempo ha sabido modular perfectamente su voz para hacer con ella casi cualquier cosa que se proponga. Lo ha demostrado en el estudio y en directo. Ya en Balmoral (2008) cantaba como nunca: lo mismo se ponía en plan rocker (Soy una cámara) o pasaba a cantar casi susurrando, como en la deliciosa Vintage. El álbum era buenísimo, y parecía que se había puesto el listón casi inalcanzable.


Su nombre... probablemente no sea mejor que Balmoral, pero se le acerca muchísimo. Sólo hay que escuchar bien, además de El encuentro y La malcasada, otros interesante temas como La noche blanca, Cuando vivías en la Castellana o Farai un vers de dreyt nien. Con canciones así se echan menos en falta sus clásicos rockeros de los 80 y 90. La gira que va a realizar desde noviembre en teatros promete, y mucho.

NOTA: 7.5/10